EL CABALLERO INFINITO

Ser hombre hoy ya no es sinónimo de lo que era antes. Desde hace un par de décadas los  referentes masculinos están mutando a los tiempos que corren, y en medio de múltiples experiencias, reacciones, logros, contradicciones e interrogantes un nuevo hombre está naciendo. 

El universo masculino está cambiando a una velocidad impresionante y el arte, la cultura, el diseño y la moda no pueden permanecer ajenas a esta transformación, que trastoca todos los ámbitos de la sociedad. Vivimos una era en donde la existencia masculina, incluidos los referentes, valores y reglas que la contenían, están siendo cuestionados. Hoy la masculinidad ya no responde a un modelo único; se puede “ser hombre” de muchas maneras.

La vida moderna está dando paso a nuevas opciones y estilos de vida. La realidad, tras la liberación de las mujeres, su incorporación al mercado laboral y la conquista de espacios públicos (hasta hace un par de décadas reservados sólo para nosotros), es compleja. Hoy muchos hombres no tenemos claro qué se espera nosotros, qué nos corresponde sentir, cómo actuar y por qué se nos reprende. La identidad masculina ha tenido que adaptarse a los tiempos que corren y así, en medio de experiencias, reacciones, logros, contradicciones e interrogantes un mosaico diverso del significado masculino está surgiendo.

Ha sido un proceso lento pero constante. Al igual que las mujeres, los hombres hemos comenzado a correr nuestra propia carrera por la identidad de género; una revolución silenciosa, que si bien, no ha sido igual para todos, ni con la misma intensidad en todos los estratos sociales, es igual de trascendente que la de las mujeres.

 

Cada vez más hombres renunciamos a las etiquetas y demandas que exigen de nosotros ser fuertes, poderosos, proveedores, insensibles y protectores. A la presión de ser siempre heroicos ante los ojos de los demás o a la obligación de no mostrar nuestros sentimientos. 

Una cuestión que a muchos hombres les preocupa por verse desorientados en su relación con las mujeres. A otros por el contrario, la incertidumbre nos entusiasma por sentir que nos ha liberado y permitido construir nuestra propia masculinidad: una más autentica, libre, integral y equitativa con las mujeres, pero también con nosotros mismos.

Caballero infinito la masculinidad

Ser hombre hoy es proceso de construcción contante e inacabable. Es aprender a cuestionar los estereotipos de una masculinidad mal entendida y saber renunciar a los privilegios a los que (se supone) tiene derecho un hombre. Se trata de tomar consciencia de los roles, mitos conductas, patrones, actitudes que nos limitan e impiden crear modelos de relación más igualitarios y abiertos. Algo en lo que en los años se ha avanzado pero que aún queda mucho por hacer. 

Porque si en algo podemos ver reflejada la transformación de la que hablamos, es justamente en cómo ha cambiado nuestra manera de relacionarnos con las mujeres y en cómo vivimos la paternidad: de una manera más horizontal con nuestros hijos y como una responsabilidad compartida con las mujeres. Una manera muy distinta a la que seguramente la ejercieron nuestros padres y abuelos.

Por su parte, hoy la sociedad reclama hombres conscientes de su cuerpo. Hombres comprometidos con su desarrollo y bienestar personal. Conectados con su espiritualidad y sus emociones. Hombres que cuidan, respetan y preservan el medio ambiente. Hombres comprometidos con la lucha por la equidad de género. Hombres que ven en la diversidad la riqueza del mundo. Que viven la paternidad como un derecho y no como una obligación. De ahí la enorme importancia de explorar y reconocer a este nuevo hombre. Un hombre que se suma a la espiral del cambio social desde una perspectiva incluyente y con una visión innovadora que honra su pasado pero apuesta por el futuro, y al que hemos decidido llamar: “caballero infinito”. 

Caballero infinito 2

Un caballero que es capaz de romper esquemas y paradigmas. Que entiende los problemas sociales y busca dar respuesta y soluciones a ellos. Un caballero que vive en el presente, sin orgullo ni lamentos. Un caballero que conquista su soledad, pues asume que estar solo no es sinónimo de estar abandonado. Un caballero sabio que forma parte de la evolución y el amor. Un caballero sano, que sana a lo que le rodea. Agradecido con lo que tiene e impecable con su palabra, imagen y actuar. 

Un modelo de caballero al aspiramos y con el que se abre una un nuevo capitulo de la consciencia colectiva masculina, uno cuyo alcance será infinito...