NOVEMBER: UNA DEFENSA A LA MASCULINIDAD

Durante el mes de noviembre miles de hombres dejan crecer su barba y presumen orgullosos su vello facial. Se trata de un movimiento a nivel mundial que busca crear conciencia sobre el cáncer de próstata, testicular y otros problemas de salud masculinos. En Caballería hacemos nuestra esta causa para hablar de una de las principales señas de identidad masculina: la barba (y las barberías).  

ESPACIOS DE REUNIÓN MASCULINA  

Las barberías como sitios exclusivos de reunión masculina se han vuelto a poner de moda. En Nueva York, París, Berlín y Londres las viejas barberías de los años cuarenta que logran modernizarse y resistir la crisis del mercado (provocada por la cultura del rasurado en años anteriores) hoy están listas para recibir a empresarios, políticos, deportistas, actores y todo aquel #CaballeroInfinito que quiera ser parte de “el club de los barbados”.

En México, las barberías se han vuelto populares no sólo por ofrecer cortes de cabello o barba, sino por brindar una experiencia de consumo de primer nivel, servicios que van desde masajes capilares y cremas para hidratar la piel, así como limpieza de calzado y tragos de cortesía.

Así, la moda que alejó a los hombres de las barberías tradicionales y los llevó a las estéticas unisex hoy es historia. Poco a poco, la barba ha reconquistado los reflectores en las pasarelas de moda, las oficinas de gobierno, los estadios deportivos y las aulas universitarias, una tendencia que tuvo su momento más álgido hace un par de años, pero que al día de hoy se mantiene, debido entre otras cosas, a la elegancia, distinción y estilo que da una barba cuidada y recortada cuidadosamente (pero con apariencia natural) al caballero que la porta.

A lo largo de la historia la barba (o ausencia de ella) ha estado presente como signo de expresión masculina en diversas culturas y círculos sociales. En la antigua Grecia era considerada un símbolo de sabiduría. En el siglo IV antes de Cristo, Alejandro Magno obligó a sus soldados a cortársela para que los ejércitos enemigos no pudieran tirar de ellas y no pudieran derribar a sus soldados. En la república romana los soldados y senadores decidieron afeitársela para diferenciarse de los griegos.

En la época Victoriana fue lucida por los aristócratas ingleses como signo de distinción. Los sacerdotes judíos la llevan como marca de liderazgo. Actualmente los hombres homosexuales, dice Mark Simpson periodista y autor del libro "Metrosexy", la dejan crecer para defender su hombría; pues argumenta que aún en las comodidades homosexuales, la barba es un símbolo no solo de identidad masculina, sino de diferenciación entre grupos de la comunidad LGBT.


LA BARBA ES AL HOMBRE COMO… 

Después de la la crisis de 1929 los hombres norteamericanos comenzaron a dejarse crecer la barba ante la falta de solvencia económica, según esto (dicen algunos especialistas), para reafirmar su imagen masculina frente a las mujeres. Algo que en las clases medias de la sociedad norteamericana se popularizó con la proyección de cintas cinematográficas.


Sin embargo, gracias a la llegada de las máquinas rasuradoras (y rastrillos desechables) al mercado, sumado a la imagen de bandas de música como The Beatles y The Rolling Stones en los años setenta y a la cultura metrosexual en los noventa, el afeitado empezó a ganar terreno en el universo masculino. Pero hoy, el tiempo parece haber devuelto al vello facial a su lugar. 

Hoy es la barba quien dicta las pautas del mercado, guía las innovaciones de los productos, demanda la tecnología cosmética más avanzada, evalúa los controles de calidad, abre nichos de mercado preocupados por satisfacer las demandas de los consumidores y se impone en las campañas publicitarias.


ESPACIOS DE SU ÉPOCA

Las barberías por su parte, vuelven a vivir una época dorada; a ser espacios de discusión e intercambio sobre asuntos y temas actuales; lugares abiertos a las transformaciones del hombre.

La industria es generosa con los barbados: jabones líquidos o en barra, navajas, tijeras, brochas, cepillos, cremas, aceites, ceras, tintes, etcétera, son parte de un mercado que aprendió con pérdidas económicas millonarias que ahora el vello facial recupera y se vuelve el rey. 

La mesa está puesta para que cualquiera pueda disfrutar de estos lugares dedicados a estimular la vanidad, alimentar el ego, mejorar la estética y lo más importante: a reafirmar nuestra condición masculina. Pero también, sitios donde es posible (mientras una máquina rasuradora pasa sobre nuestras mejillas) intimar con otros #CaballerosInfinitos y, entre trago y trago, disfrutar del placer de ser hombres.


Barbería Capital: Havre 64, (entre Liverpool y Marsella), colonia Juárez, Cuauhtémoc, 06600, Cuidad de México. / 5208 2408